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Preferí morir antes que me humillaran

Derechos Humanos

«Preferí morir antes que me humillaran»
Luis Felipe Rojas
Holguín 04-04-2011 - 7:04 pm.

DIARIO DE CUBA conversa con José Daniel Ferrer García, excarcelado por
el régimen hace solo unos días.

José Daniel Ferrer García. (LFR)

Condenado a 25 años de prisión durante la "primavera negra" de 2003,
José Daniel Ferrer es un hombre que destila humildad. Varios días
después de ser excarcelado, me las arreglé para llegar a su casa de
Palmarito del Cauto, en Santiago de Cuba, donde la policía política aún
tiene montado un operativo. Tanto le temen. El dolor por la familia
fragmentada y los horrores que vio en la cárcel son temas de esta
conversación con DIARIO DE CUBA.

Han sido ocho años alejado de la familia. ¿Qué significan para ti?

Ha sido muy traumático, principalmente para la familia. Uno de los
choques más terribles es el estado psíquico en que los he encontrado,
debido a la represión desatada contra mi hermano Luis Enrique y contra
mí. Desde antes de 2003, cuando la "primavera negra", ya veníamos
enfrentando esto: los actos de repudio, acciones de acoso y las
detenciones. Aún así, yo estaba presente y eso compensaba un poco; sin
embargo, con el encarcelamiento se agravó la situación de la familia,
que se quedó sin cabeza: mujeres y niños pequeños se vieron muy afectados.

Ahora, al salir de prisión, he comprobado las restricciones a las que mi
hermana Ana Belkis y mi esposa se sometieron para aliviar nuestras
carencias. Todo cuanto conseguían iba a parar a la prisión, tanto a la
que estaba mi hermano como a la mía. Al llegar a casa he visto que se
quitaron cosas para dármelas a mí, que me engañaban un poco para
aliviarme, aunque yo suponía por lo que estaban pasando.

La casa está destruida, la forma en que vivía mi familia a veces era
peor a la mía, claro, sin minimizar en ningún momento los horrores por
los que pasé. La familia se sacrificó para que fuera más pasajera
nuestra estancia en prisión. Ahora intentaré recuperar lo que pueda el
tiempo perdido, aunque físicamente sea imposible. Intentaré curar las
heridas por haber dejado a la familia: una niña de cinco años y un niño
de cinco meses, y una que nació conmigo en prisión. Mis hijos apenas me
reconocen. Algo muy doloroso que me pasó una vez fue cuando mi hija
mayor me dijo que dejaría de estudiar pues una compañerita de la escuela
le dijo que ella no accedería a ninguna carrera pues su padre era un
contrarrevolucionario. Me lo dijo y tuve que darle aliento, decirle que
ya lo resolveríamos de algún modo, aunque destrozado por dentro y sin
dejarle ver cuán difícil es salvar los obstáculos que impone el régimen
totalitario.

Has regresado del infierno, traes la crónica del horror. ¿Qué nos puedes
contar?

Hablamos de un régimen penitenciario con características medievales, y
para los presos políticos es mucho más riguroso. Existe un aparato
represivo montado expresamente con el objetivo de doblegar al preso
político. Ya sea con hambre, golpizas, acoso sicológico, todas son
formas encaminadas a doblegarlo, y si no se logra, pues el régimen no se
da por vencido, lo intenta una y otra vez, siempre probando nuevos métodos.

El método que ellos encontraron contra mí, mi talón de Aquiles, fue la
familia. En honor a la verdad, donde podían tocarme los sentimientos era
con mis hijos y mi familia. En ocho años estuve todo el tiempo bajo el
llamado régimen especial, en primera fase. La visita familiar era cada
cuatro meses y la matrimonial cada cinco. Eso da una idea de cómo
funciona la represión. Para que se tenga una idea, este régimen se le
impone a los violadores y asesinos reincidentes, es decir, a los que se
da por irrecuperables.

La primera fase suele ser de un año, y otro en la segunda fase. Pero en
el caso de Juan Carlos Herrera Acosta, Luis Enrique Ferrer y quien te
habla, fueron ocho años bajo este régimen de rigor. El 16 de septiembre
de 2004 un capitán de la policía política actualmente expulsado por
corrupción me hizo la propuesta de liberarme si aceptaba abandonar el
país. Y claro que me negué. Cuando se dieron cuenta de que no podían
chantajearme, me aseguraron que continuaría en régimen de castigo toda
la vida, e incluso que podían crear un régimen especial para mí. Me
amenazaron con extenderme el periodo entre visitas familiares y
conyugales y hasta suspenderme la jaba, es decir, los alimentos
adicionales que me traían de la casa.

Pasé por varias prisiones, lo que más me impresionó cuando llegué a
Pinar del Río fue que los reclusos comunes llevan las huellas directas
de la cárcel en sus rostros. Los métodos de tortura más usados son los
conocidos como la sillita y la shakira, que han sido descritos tantas
veces. Estando en Aguadores, en Santiago de Cuba, llegué a saber de
casos de reclusos que son esposados de pies y manos hasta por tres días,
y se orinan y defecan encima mientras están en esas condiciones. Allá en
Pinar del Río, en Kilo 5 ½ llegaron incluso a meterle trapos sucios en
la boca a los torturados para que nosotros, los presos políticos, no nos
enteráramos y lo denunciáramos.

El 29 de Julio de 2007, en Kilo 8, en Camagüey, los carceleros
asesinaron a golpes a tres reclusos que a su vez habían agredido a otro
preso. Ellos mismos avisaron que la víctima se estaba muriendo,
entregaron los cuchillos, y los gendarmes, en vez de asistir al herido,
la emprendieron a golpes contra los autores del delito. En cuestión de
tres o cuatro minutos, más de cuarenta guardias descargaron su ira con
cabillas, palos y tonfas contra estos tres hombres. Dos de ellos
murieron de manera instantánea, uno dejó un reguero de sesos por el
pasillo. El que se salvó, tengo entendido que quedó completamente loco.
Los muertos fueron Amaury Medina Puig, de 25 años de edad, y Carlos
Rafael Labrada Oses, ambos jóvenes. ¿Qué pasó con los gendarmes? Se las
arreglaron con la complicidad de las autoridades y terminaron acusando
al que quedó vivo de causar la riña y aduciendo que los muertos fueron a
causa de la misma.

En Pinar del Río un recluso le tiró excrementos a uno de los jefes de la
prisión, y por ello fue enviado a la celda de su mayor enemigo. Allí,
aquel hombre de gran corpulencia lo golpeó, abusó de él sexualmente y le
comió la comida, hasta que lo mató. Entonces lo tapó, y tuvo el cadáver
más de dos días en la celda, hasta que la peste fue insoportable para
los demás. Después no pasó nada. De casos como este hay decenas y más
decenas. Yo tengo un informe bastante detallado fuera de esta provincia,
ya tendré tiempo de denunciarlo.

¿Cómo valoras la actitud del gobierno de conceder la libertad extrapenal
al grupo de los 75 y otros más?

El documento que me dieron para salir de la prisión dice que mi sanción
extingue en el año 2028. La "liberación" no fue un arranque de bondad
del régimen. Se debió a factores acumulativos, cuyo punto neurálgico fue
la muerte en prisión de mi hermano Orlando Zapata Tamayo, el valor de
las Damas de Blanco y la huelga abnegada de Guillermo Fariñas. Eso hizo
que el mundo, que estaba siendo bastante indiferente con lo que pasa en
Cuba, pusiera la vista en esta situación. Eso es lo que piensa un hombre
como yo, con bastante falta de información debido al encarcelamiento.
Muchos intelectuales, artistas y políticos de renombre se unieron en la
protesta mundial en cartas dirigidas al gobierno, y esta presión
funcionó y condujo a la liberación. El régimen buscó la institución
religiosa de mayor prestigio y más antigua de Cuba, como lo es la
Iglesia católica, algo que agradezco. Aún así, no se han limpiado las
prisiones como se ha querido hacer ver. Quedan miles de presos
sancionados bajo procesos absurdos.

Fuiste protagonista de varias huelgas de hambre o protestas bien
sonadas, y por ello te trasladaron de prisión varias veces. ¿Qué te guiaba?

Creo que fue Martí quien dijo que ver cometer un crimen en calma es
cometerlo. Eso me guiaba. Cuando veía que estaban castigando a alguien
pues saltaba a gritar y proferir consignas contra el régimen. Eso hace
que algunos presos que hasta ese momento han estado temerosos, te
secunden. También la denuncia diaria, que a veces hace contenerse a las
autoridades. No te voy a negar que muchas veces temía que esos castigos
se trasladasen a mí, pero seguía y muchas veces conseguía detener las
golpizas o los atropellos. No solo yo, Zapata, Normando Hernández, mi
hermano Luis Enrique, a Juan Carlos Herrera Acosta en Camagüey lo
golpearon delante de mí, yo protestando y ellos arrastrando a Juan
Carlos todo el pasillo. La protesta, siempre pacífica, es casi la única
vía para que no pasen tantas atrocidades Yo nunca tiré un pomo de vidrio
ni quemé un colchón, pero sí protesté bien alto y fuerte y de frente
todo el tiempo. Con la protesta enseñas a otros a defenderse y a que te
defiendan.

¿Qué te dice el nombre de Orlando Zapata Tamayo?

Es un símbolo de coraje y valor supremo. Conocía de él antes de estar
encarcelado, después, como te dije, yo estando en Kilo 5 ½ en Pinar del
Río y él en Taco Taco, varias veces llegaron reclusos trasladados y me
contaban del valor de Zapata para enfrentar a un pelotón con armas
contundentes y mientras tenía conocimiento seguía protestando y diciendo
consignas antigubernamentales. Eso te hace sacar un poquito de valor de
donde tú no lo tienes. Cuando te cuentan algo así, tú te dices, qué va,
yo no puedo ser menos, y te decides a intentar ser como Zapata, como
Boitel, como Fariñas, como Antúnez y otros muchos. Unes tu valor al
ejemplo de ellos y te haces el firme propósito de preferir morir antes
que te humillen.

¿Qué han sido para ti tu hermana Ana Belkis y tu esposa?

Tengo una deuda con ellas que nunca podré pagar, por el sacrificio a que
se sometieron. Ana Belkis y mi hermano Luis Enrique le exigían al
gobierno que sólo se iban si yo era liberado. Tuve que escribirle a mi
hermano porque la situación de mi madre ya era insostenible, su salud,
sus nervios, etc. Tuve que hacer un esfuerzo y engañar a mi madre
diciéndole mira, no te preocupes, que en una semana estaremos hablando
por teléfono, tú verás. Pero yo sabía que eso era mentira, y de hecho,
las promesas de liberaciones del régimen no fueron realidad hasta ocho
meses después. Mi hermana y mi esposa renunciaron a cosas necesarias
para ellas y ahora compruebo que era para aliviarnos a mi hermano y a
mí, ese es un ejemplo que nunca voy a olvidar.

¿Cómo sueña José Daniel Ferrer la Cuba futura? ¿Cómo la ve?

Quisiera una Cuba con todos y para el bien de todos, al decir de ese
grande que fue José Martí. Necesitamos libertades en lo personal y
libertades económicas. Pienso un país libre y próspero a la vez. Hoy veo
menos miedo en la gente. Aunque no sea a todo lo que aspiro, hay menos
miedo. El valor de las Damas de Blanco y la manera en que la gente habla
ahora en la calle no es lo mismo que hace un tiempo atrás. Hay una mayor
toma de conciencia. Me he topado a gente en la calle que hace ocho años
decían que éramos unos locos y ahora me dicen que yo tenía y tengo la
razón. Y eso dice bastante.

http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/3952-preferi-morir-antes-que-me-humillaran

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