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Cuba: situación sociopolítica y económica

Economía, Represión, Cambios

Cuba: situación sociopolítica y económica

Un abarcador y objetivo informe del descalabro económico cubano y la
situación política imperante en la Isla, cincuenta y tres años después
del triunfo de la revolución castrista

Unión Liberal Cubana, Madrid | 06/04/2012 10:42 am

1.- INTRODUCCION

La visita a Cuba del Papa Benedicto XVI ha vuelto a atraer la atención
mundial sobre lo que ocurre en ese país. Y, por contraste, sobre lo que
no sucede. Porque 14 años después de que un Papa, Juan Pablo II, viajara
por primera vez a la Isla y tras más de medio siglo de dictadura
marxista-leninista, Cuba sigue siendo el parque jurásico del socialismo
real, un país donde un régimen anacrónico y fracasado perdura sin haber
cambiado apenas de estructura política, aunque empeñado ahora en
realizar modestas reformas económicas.

En este trabajo se esboza un análisis de la situación sociopolítica y
económica del país, y se examinan brevemente las opciones estratégicas
de que disponen los gobiernos deseosos de contribuir a que sobrevenga en
Cuba una transición pacífica y de signo democrático. Los autores de
estas páginas —Elías Amor, Osvaldo Alfonso y Miguel Sales— son miembros
de la junta directiva de la Unión Liberal Cubana y sus párrafos
reflejan, como es obvio, el ideario político de esta organización.

2.- POLÍTICA Y DERECHOS HUMANOS

Las reformas que el gobierno de Raúl Castro ha emprendido en los últimos
años con miras a subsanar la colosal ineficiencia económica del sistema
socialista cubano no modifican, en lo esencial, la privación de derechos
y libertades que padece la ciudadanía desde hace más de medio siglo. Esa
violación sistemática de los derechos humanos no es coyuntural; está
enquistada en la Constitución y el Código Penal vigentes en la Isla. El
derecho a asociarse libremente con fines pacíficos, a elegir sus
gobernantes o la educación de sus hijos, a expresar sus opiniones sin
temor a represalias, a tener propiedades y disponer de ellas, a entrar y
salir del país sin restricciones indebidas, son solo algunas de las
libertades conculcadas o menoscabadas por las leyes cubanas.

Las violaciones de los derechos humanos en la Isla están ampliamente
documentadas. Las informaciones que divulgan la prensa independiente y
las organizaciones de la sociedad civil se denuncian reiteradamente el
acoso, las detenciones y las golpizas de que son objeto los activistas
pacíficos por parte de la Seguridad del Estado. Si bien la táctica del
gobierno actual no consiste en aplicar largas condenas de cárcel a los
opositores, como solía hacerse en años anteriores, se han incrementado
los arrestos de varios días y los actos de repudio que organiza la
policía política son ahora más violentos y en no pocas ocasiones se
acompañan de ataques vandálicos contra las viviendas de los activistas.

Según los informes de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y
Reconciliación Nacional (CCDHRN),en diciembre de 2011 se produjeron 796
arrestos, lo que representa el mayor número de detenciones de los
últimos 30 años. Cabe señalar que el 10 de diciembre se conmemora el
aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos y gran parte
de los arrestos se produjeron para evitar que los opositores pacíficos
celebraran este día. El pasado mes de febrero la cifra de detenciones
arbitrarias por motivos políticos fue de 604.

El uso de la violencia contra los integrantes de grupos pacíficos sigue
en aumento, sobre todo en las provincias orientales de la Isla, que se
encuentran más alejadas de la atención internacional. A pesar de la
censura y el control de los medios de comunicación vigentes en Cuba, los
activistas de derechos humanos han denunciado y documentado estos casos,
incluso con el apoyo de testimonios gráficos.

Algunos casos denunciados contribuyen a ilustrar el panorama de los
derechos humanos en Cuba. El 19 de enero de 2012, tras más de 50 días de
huelga de hambre, falleció el preso político Wilmar Villar Mendoza. Las
autoridades trataron de negar, por todos los medios a su alcance, que el
activista fallecido guardara prisión por motivos políticos.

Las Damas de Blanco, el colectivo de mujeres que reclaman la libertad de
los presos políticos, han seguido sufriendo, tanto en La Habana como en
ciudades del interior del país, la represión de las turbas dirigidas por
la policía política, que las han golpeado y arrestado frecuentemente. El
28 de febrero, el Centro de Información Hablemos Press denunció que el
día 26 de ese mes una veintena de Damas de Blanco habían sido golpeadas
cuando regresaban a sus casas, luego de participar en la misa dominical
de la iglesia Santa Rita de Casia en La Habana. Como es conocido, estas
mujeres solo asisten a misa y caminan pacíficamente por las calles con
gladiolos en las manos, reclamando la libertad de los presos políticos.

En febrero de 2012 Noralys Martín Hernández y Taymi Vega Biscet, dos
jóvenes opositoras de 22 años de edad, sufrieron sendos abortos, debidos
a las agresiones de que fueron objeto durante operativos violentos de la
policía política cubana. También en el mes de febrero fue secuestrado
por fuerzas de la Seguridad del Estado en La Habana y retenido varios
días en paradero desconocido el ex prisionero de conciencia y presidente
de la Unión Patriótica Cubana, José Daniel Ferrer.

Estos son solo unos pocos ejemplos que ilustran la represión política en
la Isla. Casos como ésos se suceden sistemáticamente en toda Cuba. Debe
tenerse presente que la violación de los derechos humanos es intrínseca
al régimen cubano y que esta situación no cambiará hasta que a los
ciudadanos les sean reconocidos todos los derechos básicos, como los de
asociación, reunión y libertad de expresión.

Como argumento para justificar los atropellos y la falta de libertad, en
marco de su confrontación perpetua con Estados Unidos, el régimen
castrista sigue calificando a los activistas de derechos humanos y los
opositores políticos pacíficos de agentes del imperialismo yanqui y
enemigos de la nación. Esto quedó también muy claro en el discurso que
Raúl Castro pronunció en la conferencia del Partido Comunista celebrada
a principios de 2012, cuando afirmó que "renunciar al principio de un
solo partido equivaldría, sencillamente, a legalizar al partido o los
partidos del imperialismo en suelo patrio y sacrificar el arma
estratégica de la unidad de los cubanos".

3.- LA SITUACIÓN SOCIAL

La combinación de la represión política con el fracaso económico del
régimen, que se analizará más adelante, ha acarreado consecuencias
sociales catastróficas para el país. Alrededor del 15 % de la población
se ha marchado al exilio —la mayoría a Estados Unidos— en una fuga que
no cesa. Se calcula que unos 35.000 cubanos abandonan definitivamente la
Isla cada año. Las severas condiciones de vida han provocado una crisis
demográfica sin precedentes. A la emigración en masa se ha sumado la
caída de las tasas de fertilidad y natalidad, que está convirtiendo a
Cuba en un país envejecido, donde cada año nacen menos niños y aumenta
desproporcionadamente el número de ancianos.

A cambio de estos y otros males, el Gobierno se precia de haber mejorado
la enseñanza, la salud pública y la protección social, así como los
resultados deportivos del país. Pero la ausencia de libertad impide el
debate público sobre el contenido y la situación real de los servicios
sociales o el costo de los éxitos olímpicos. Y, por supuesto, tampoco
permite el examen desapasionado del amplio resto de la vida que la
población ha tenido que sacrificar estos años en aras de esos presuntos
"logros".

Mientras duraron los subsidios soviéticos, o sea entre 1960 y 1991, esa
política social basada en la supuesta gratuidad de las prestaciones
educativas, sanitarias y asistenciales fue uno de los dos pilares de la
propaganda gubernamental, tanto dentro como fuera de la Isla. Tras la
desaparición de la URSS y el consiguiente desplome de la economía
cubana, esos sectores han experimentado un drástico deterioro.

Pero la extraordinaria popularidad que el castrismo logró en el
extranjero y la adhesión residual que todavía conserva tienen menos que
ver con los éxitos reales o imaginarios del sistema que con el otro
elemento que todavía determina su política exterior: la confrontación
permanente con Estados Unidos. La alegoría del David pobre y socialista
que luchaba denodadamente por su independencia frente al Goliath
acaudalado y capitalista fue durante medio siglo uno de los clichés
predilectos de las izquierdas europeas y norteamericanas, y le granjeó
al régimen cubano la simpatía o la solidaridad de amplios sectores de la
opinión pública mundial.

Sin embargo, la política de Washington hacia Cuba ha ido evolucionando
paulatinamente. En 2012 reside en Estados Unidos más de un millón de
cubanos, que mediante el envío de remesas familiares y las visitas
turísticas aportan a la Isla un volumen considerable de divisas
convertibles. Y gracias a la flexibilización de los términos del embargo
comercial impuesto en 1962, Estados Unidos es hoy uno de sus principales
abastecedores de comida y medicamentos. Además, el Gobierno
estadounidense otorga cada año 20.000 visados a los cubanos que deseen
abandonar el país. El régimen de los hermanos Castro se beneficia
ampliamente de estas medidas, aunque mantenga la ficción del "bloqueo
imperialista" y la retórica de la confrontación diplomática, que han
llegado a ser sus señas de identidad.

En medio de esos cambios internos y externos que están modificando el
contexto económico del país, la Iglesia Católica se esfuerza por
recuperar un poco del terreno perdido durante medio siglo de represión
antirreligiosa y discriminación contra los creyentes. Por el momento, el
gobierno de Raúl Castro parece apreciar la postura mediadora de la
Iglesia y ha aceptado algunas de sus peticiones en relación con los
presos políticos y la ampliación de la presencia eclesial en la vida
pública. Pero incluso en esas concesiones menores es posible discernir
los límites ideológicos de las reformas raulistas: la Iglesia sigue
careciendo de acceso a los medios de comunicación, controlados todos por
el Estado, y no puede crear instituciones educativas propias.

4.- LA ECONOMIA

La economía cubana atraviesa un período de cambios cosméticos y
limitados, iniciados en 2010, refrendados en los denominados
"Lineamientos" que aprobó el sexto congreso del PCC, celebrado en 2011.
A modo de resumen, puede decirse que los cambios anunciados pretenden
solucionar el deficiente funcionamiento de la economía, y comprenden:

1) Una reforma laboral que se traduce en la supresión de puestos de
trabajo en el sector estatal y la autorización para el ejercicio de
actividades no estatales y el incremento de la recaudación tributaria
por medio de impuestos a estas actividades.

2) La ampliación de las modalidades productivas no estatales (como
cooperativas y empresas de capital mixto) en los sectores de la
agroindustria, el turismo y la vivienda.

3) La supresión de determinados subsidios a las empresas estatales y la
autorización para fijar precios dentro de ciertos límites.

4) El incremento de la flexibilidad de los mecanismos de intervención y
control y la planificación a través de la descentralización de las
decisiones en materia de inversión.

Estos cambios de estilo, muy superficiales, no van en la dirección
adecuada y tampoco representan la apuesta que necesita la economía
cubana para superar el atraso histórico, la ineficiencia y bajo nivel de
competitividad que padece. Los registros macroeconómicos de los últimos
dos años ponen de manifiesto la ineficacia de estas medidas.

Según los datos de la CEPAL para el conjunto de países de América
Latina, en 2010 la economía cubana solo creció un 2,1 %, un ejercicio en
el que la tasa media regional se situó alrededor del 5 %. Para el
presente año, las autoridades del régimen en un consejo de ministros
ampliado, celebrado el pasado mes de noviembre de 2011, calcularon un
crecimiento real del 2,7 %, por debajo del 3 % que estaba planificado.
Este débil crecimiento es consecuencia, en parte, de su peculiar modelo
de funcionamiento, que la aparta del resto de las economías
occidentales, así como de las políticas del régimen.

La confianza absoluta en la planificación centralizada en vez del
mercado como instrumento de asignación de los recursos y la limitación
de los derechos de propiedad frente a un bloque pétreo de propiedad
estatal y controlada que supone más del 80 % del PIB de la economía,
frenan el dinamismo económico y la capacidad de los emprendedores para
crear fuentes de riqueza.

Pero el deficiente funcionamiento de la economía cubana es también
consecuencia directa del derrumbe del Muro de Berlín y la pérdida de
apoyos externos que la habían sostenido artificialmente con generosas
subvenciones soviéticas y la colaboración de los países del Este de Europa.

Como se observa en el Gráfico 1, el nivel de PIB de la economía cubana
anterior a 1991 no se recuperó del derrumbe del Muro de Berlín hasta
finales del decenio de 1990, la denominada "década perdida", y la
evolución posterior fue muy deficiente hasta que en 2004 aparecieron los
"petrodólares" de Venezuela, que mitigaron la falta de competitividad
estructural causada por la planificación centralizada y ausencia de
derechos de propiedad.

Gráfico 1.- Evolución del PIB (índices a precios constantes 1997) de la
economía cubana

Fuente: CEPAL

En esencia, la debilidad estructural de la economía cubana para crecer,
generar renta y riqueza, y dinamizar la base productiva es, en
definitiva, consecuencia de su modelo económico estatal. Y no parece que
la actual estrategia de las autoridades pretenda modificarlo en profundidad.

En el modelo económico esbozado en los "Lineamientos", se perfila una
economía compuesta de tres niveles jerárquicos. En el primero, se
situarían las empresas vinculadas a los organismos del ejército y de la
Seguridad del Estado, especializadas en la actividad turística (en
colaboración con socios extranjeros) y en el comercio exterior y la
logística. Es también el sector que participa en la explotación minera,
que en 2010 tuvo un crecimiento del 5,3 % y una favorable relación real
de intercambio.

En el segundo nivel jerárquico estaría la mayor parte de las empresas de
titularidad estatal dependientes de los consejos provinciales y locales,
gestionadas con criterios políticos, no económicos. En ellas predomina
el incumplimiento generalizado de los acuerdos y convenios y el Gobierno
les ha aplicado todo el poder de la Contraloría y del "perfeccionamiento
empresarial" a fin mejorar su funcionamiento.

El tercer nivel lo conforman las cooperativas del sector agrícola, los
propietarios independientes, incluidos los actuales arrendatarios, y los
trabajadores particulares que ejercen oficios por cuenta propia (en un
número limitado, y orientados a la prestación de servicios). Este sector
está sujeto a un sistema impositivo muy sobrecargado y complejo, que
tiene por objeto limitar o reducir sus beneficios.

La carga fiscal es asfixiante. Necesitado de recaudar recursos para
financiar un aparato estatal improductivo, el Gobierno ha aplicado un
conjunto de impuestos que no guardan relación con el bajo desarrollo de
la economía: 1) el impuesto sobre la renta según la actividad, 2) el
impuesto sobre las ventas, 3) el impuesto sobre los servicios públicos y
4) el impuesto sobre la nómina, aplicable a quienes contraten empleados.
Asimismo, el régimen establece que todos los trabajadores autónomos
cubanos deben destinar un 25 % de sus ingresos a la seguridad social, lo
que les permitirá también gozar de una pensión. A corto plazo se esperan
nuevos tributos y existe la posibilidad de que los consejos provinciales
puedan variar los tipos impositivos en función de la localización de las
actividades en el territorio.

Una de las reformas que más interés ha suscitado es el proceso de
entrega de tierras en usufructo, que comenzó en septiembre de 2008. De
las 1.007.112 hectáreas entregadas hasta mediados de 2011 el 59,6 % se
había destinado a la producción de ganado (carne de consumo y de rápida
explotación) y un 26,8 % a viandas y hortalizas, registrándose
porcentajes menores para otros cultivos como arroz, café y cacao,
frutales y forestales, y tabaco y azúcar.

El bajo porcentaje de las tierras entregadas que están en explotación
obedece al alto nivel de infestación de marabú y otras plantas
indeseables, así como la falta de recursos y medios materiales y de
trabajo, o a la sequía que sufrió Cuba durante 2009 y el primer semestre
de 2010. A corto plazo, este sector se ha concebido como una solución a
los problemas de la dependencia externa de alimentos, que supone unas
importaciones muy elevadas para una economía de bajos ingresos por
exportaciones.

Pero estas reformas no han logrado cambiar la evolución negativa de la
agricultura cubana, que ha vuelto a registrar descensos en sus niveles
de producción, tanto en el azúcar como en otros cultivos.

El modelo descrito, integrado por tres categorías de agentes económicos,
convive con una penosa dualidad monetaria que permite a las autoridades
obtener beneficios del cambio de moneda, toda vez que la mayor parte de
los bienes y servicios se deben pagar en moneda convertible, mientras
que los sueldos y salarios que la población percibe se computan en pesos
cubanos. El efecto más negativo de esta dualidad monetaria es que genera
desigualdades sociales en función del acceso de la población a la moneda
fuerte y convertible. Así, los sectores de la sociedad que tienen
familiares en el exterior y reciben remesas pueden alcanzar mejores
condiciones de vida que los que solamente obtienen sus ingresos en
moneda nacional.

Los salarios constituyen otro aspecto muy importante del funcionamiento
económico y no sólo porque carecen de relación alguna con la
productividad del trabajo, como consecuencia del carácter estatal de la
mayor parte de la economía.

El sueldo medio de un cubano no supera los 18 euros al mes (448 pesos
cubanos en 2010). Y aunque el Gobierno sostiene que los servicios
gratuitos de educación y sanidad son otros tantos complementos
salariales, el poder adquisitivo de esas rentas es muy limitado, amén de
que en los últimos años se registra una progresiva reducción de las
gratuidades y los subsidios que permitían a los cubanos sobrevivir con
esos bajos niveles salariales.

Para suplir estas deficiencias, los cubanos que residen en el exterior
envían a sus familias en Cuba remesas que según algunos cálculos superan
los 2.000 millones de dólares anuales. Estos ingresos equilibran el
fuerte déficit comercial de la economía y la escasez de divisas, a la
vez que actúan como un estímulo artificial al consumo interno,
permitiendo a los residentes en la Isla adquirir bienes y servicios que,
con sus rentas, no podrían obtener. Por ese motivo el consumo privado
experimentó en 2010 un crecimiento del 4,6 %.

En estrecha relación con los cambios introducidos por el régimen, la
economía cubana está experimentando dos fenómenos que suponen una nueva
situación, para la que tal vez no se está preparada. De un lado, como
consecuencia de los cambios en el mercado laboral, el número de personas
ocupadas se redujo en 2010 en términos absolutos y, por consiguiente, la
tasa oficial de desempleo aumentó, pasando de un 1,7 % al 2,5 %, la más
elevada de los registros de la economía cubana desde 2003. El desempleo
real, más difícil de cuantificar, abarca a miles de subempleados,
excedentarios, "desvinculados", parados que cursan estudios con miras a
obtener otro tipo de formación y toda una gama de adultos ociosos que
sobreviven mediante modestísimas operaciones comerciales, a menudo al
borde de la ilegalidad.

Carmelo Mesa Lago, profesor de la Universidad de Pittsburgh y reconocido
experto en el tema, calculaba en 2010 que si el subempleo y el desempleo
oculto vigentes en Cuba se transformaran en desempleo visible, las
cifras de paro oscilarían entre el 11,4 % y el 26,9 % de la población
activa.

Por otra parte, unido al fenómeno del desempleo, la inflación registró
un aumento del 1,6 % en 2010, en contraste con una reducción del 0,1 %
en 2009. Los analistas consideran que esta elevación de los precios (que
solo se refiere a los productos y servicios en moneda nacional, que
constituyen una parte cada vez menor de la cesta de consumo de las
familias en Cuba) pueda ser incluso superior, de modo que la retirada de
productos de la libreta de racionamiento, la supresión de los comedores
de empresas, así como el aumento de los precios de los alimentos en los
mercados internacionales, se esté trasladando en forma de precios más
elevados en la Isla, reduciendo de paso el bajo poder adquisitivo de los
salarios, pese al aumento del 4,4 % concedido por el Gobierno, duplica
prácticamente el incremento del PIB.

La deuda externa es otro factor que encarece las importaciones y limita
el crecimiento de la economía cubana. Según el denominado Club de París
Cuba debía a sus miembros 30.500 millones de dólares (22.194 millones de
euros) al cierre de 2010, aunque más de 20.000 millones de esa deuda es
en rublos convertibles de la época de alianza con la antigua Unión
Soviética, que Rusia reclama y que Cuba no reconoce. La incapacidad para
asumir compromisos externos limita las posibilidades de la economía para
obtener financiación en un contexto internacional muy complicado y puede
actuar como un nuevo freno a las posibilidades de crecimiento de la
economía a medio plazo.

Este es uno de los aspectos fundamentales que los inversores extranjeros
deben tener en cuenta: la absoluta irresponsabilidad del Gobierno cubano
en sus compromisos, y la ausencia de una política de credibilidad
financiera, que no entra en las pautas de comportamiento histórico del
castrismo. No hace mucho tiempo, en plena crisis financiera mundial a
mediados de 2008, el presidente Raúl Castro decidió personalmente que el
Banco Central de Cuba no permitiría que las empresas internacionales
repatriasen sus beneficios a las casas matrices. Esta congelación duró
casi dos años y la inquietud que suscitó entre los inversores no ha
desaparecido del todo.

5.- RESUMEN

Cincuenta y tres años después del triunfo de la revolución castrista,
Cuba sigue siendo un país de partido único, política única, prensa única
y comandante único, si bien éste delega ahora las tareas cotidianas de
gobierno en su hermano menor, pero conserva un derecho de pernada sobre
las decisiones fundamentales. Merced a la sucesión dinástica de estilo
norcoreano realizada en 2006, una sola familia monopoliza el poder
político y, a través del aparato del Estado, domina la vida económica y
social de la nación.

Las últimas medidas apuntan a que Raúl Castro y su equipo han apostado
por una reforma calcada sobre el modelo chino: una apertura económica de
signo capitalista, combinada con un enroque político que preserve el
control del Partido Comunista y los privilegios de la casta gobernante.
Esa estrategia explica que se autorice la creación de pequeñas empresas
o la compraventa de determinados bienes, mientras se reprime todo atisbo
de asociación política o de ejercicio independiente del periodismo.

En ese contexto, la orientación de la diplomacia cubana en lo tocante a
las democracias occidentales no se aparta mucho de la línea que siguió
en décadas anteriores. Para el gobierno de Raúl Castro, el mundo
occidental es proveedor potencial de capital y tecnología y, a la vez,
fuente de peligro debido al posible contagio de las ideas democráticas y
el apoyo que puede brindar a la oposición en la Isla y el exilio. De ahí
que sigan interpretando como una auténtica declaración de guerra el
enunciado de la Posición Común adoptada por la Unión Europea en 1996,
que proclama que "el objetivo de la Unión Europea en sus relaciones con
Cuba es favorecer un proceso de transición hacia una democracia
pluralista y el respeto de los derechos humanos y las libertades
fundamentales […]. Es muy probable que la transición sea pacífica si el
régimen actual inicia por sí mismo o hace posible dicho proceso".

Transcurridos 16 años de esa declaración, quienes en el exterior todavía
creen que el Gobierno cubano aceptaría hacer concesiones políticas a
cambio de ayuda económica o facilidades comerciales, cometen hoy el
mismo error que se ha venido reiterando con notable contumacia desde
hace más de medio siglo. La ideología y la praxis del castrismo siguen
basándose en la confrontación y la exclusión. Para los comunistas
cubanos, los demócratas no son adversarios, sino enemigos. Y cualquier
concesión al enemigo capitalista sería un síntoma de debilidad que
podría acarrear consecuencias funestas dentro del país. Mientras ese
principio rector siga vigente, el sistema comunista cubano será, en su
dimensión política, irreformable.

Lo mejor que podrían hacer las democracias occidentales es ahorrarse el
esfuerzo baldío que realizan para lograr que el régimen actual "inicie
por sí mismo o haga posible" un proceso de liberalización y centrar su
estrategia en apoyar el renacimiento de la sociedad civil y la
consolidación de la maltrecha oposición política en la Isla. Es el
servicio idóneo que podrían prestar a sus propios intereses, al pueblo
cubano y a la paz mundial.

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/cuba-situacion-sociopolitica-y-economica-275621

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