Unión Patriótica de Cuba
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Sabroso hasta el último buchito

Sabroso hasta el último buchito
Si algo se ha demostrado en estos días es la necesidad de cubrir
apariencias, pero ello no implica un resultado único
Alejandro Armengol, Miami | 26/01/2015 12:47 pm

(Pre)Conclusiones de un añorado encuentro.
La primera viene por el lado negativo. Washington y La Habana acaban de
mostrar su acuerdo unánime en que no están de acuerdo en nada. Lograr
tan poco y brindar algo tan conocido no requería de tantos viajes y
tantas reuniones. Los detalles del desacuerdo se cuidaron al máximo, al
punto que por un momento lograron eclipsar que lo importante no fue el
ahora sino la manera de definirlo.
Para comenzar, el sitio del encuentro. Esas dos mesas largas separadas
por un amplio trecho, donde un absurdo anuncio floral en el centro
recuerda tanto las reuniones del comité central del partido chino como
los decorados de una cinta de Esther Williams. Casi para anunciar que a
partir de este momento, Cuba estaba lista para aceptar “lo mejor de dos
mundos”. Parecía más bien el escenario de un filme de Hollywood, lástima
que en Hollywood ya no se hagan películas.
La publicidad, sin embargo, superó a la ficción cinematográfica: la foto
de Roberta Jacobson tomando un “café cubano” junto a Josefina Vidal pide
a gritos un anuncio de venta con un eslogan creado décadas atrás.
Lo demás fue también mucho cuidado en citar conferencias de prensa
independientes y en horarios distintos. Evitar así que los periodistas
tuvieran la oportunidad de asistir a ambas como impedir engorrosos
encuentros en los pasillos.
La disidencia no mostró igual gentileza: un acto organizado por Antonio
Rodiles tuvo lugar casi a la misma hora en que Elizardo Sánchez, José
Daniel Ferrer y Héctor Maseda habían organizado una rueda de prensa, a
la que estaban convocados los mismos medios de prensa.
Mucho ruido de prensa y pocas nueces de efectividad probada.
Cuidado con las apariencias. Porque si algo se ha demostrado en estos
días es la necesidad de cubrir apariencias, pero ello no implica un
resultado único. Por detrás se ha iniciado una vía larga y tortuosa,
pero marca el camino a seguir por ambos gobiernos.
La Habana y Washington repiten al unísono el ambiente “constructivo”,
pero no muestran haber construido nada ni planes para edificación alguna
en el futuro. Todo vuelve a girar sobre reclamos conocidos, por parte de
ambos gobiernos, y una especie de paráfrasis: no es la humanidad la que
ha echado andar sino la celebración de reuniones, una tras otra, entre
Estados Unidos y Cuba. ¿Es eso todo?
Más allá de la satisfacción mediática, era tonto esperar mayores
resultados. Desde el principio estaba claro el juego de apariencias iba
a dominar. Para dos países tan acostumbrados a utilizar al máximo el
valor de la imagen, la posibilidad de un encuentro presidido por figuras
femeninas era demasiado visual para pasar por alto, y lo que es más: ese
titular dorado del destino de dos países en manos de dos mujeres.
Por lo demás, quien conoce que a Raúl Castro le gusta conspirar hasta
para elegir un plato de sopa, sabe que pocos resultados inmediatos hay
que esperar de una reunión pública.
Las conclusiones del encuentro en La Habana hay que buscarlas en ese
afán por las demostraciones de ambos gobiernos, más de cara a brindar
reafirmación y hasta consuelo a los partidarios, que a repetir
posiciones frente a adversarios.
El gobierno cubano dijo una vez más lo que se esperaba dijera y los
funcionarios estadounidenses realizaron un desfile casi exhaustivo
—fotografías incluidas— en que se preocuparon mucho en dejar saber que
habían viajado a Cuba para conocer personalmente los puntos de vista y
opiniones diversas de la oposición —para lo cual, por supuesto no era
necesario el viaje: se sabe que este tipo de encuentro tiene el objetivo
de mostrar apoyo— y que tales reclamos no serían ignorados en su agenda.
¿Pueden dormir ahora tranquilos los simpatizantes de ambos bandos,
después de tanto barniz de reafirmación revolucionaria y opositora? Todo
lo contrario, si se tiene en cuenta la casi complicidad de ambos bandos
para que todo ocurriera sin el menor percance. Sí, nos preocupamos por
los disidentes. Sí, hay que levantar el embargo. Sí, debe desaparecer la
Ley de Ajuste y la política pies secos/pies mojados. Sí, todo eso está
muy bien, pero es un discurso para los de fuera y adentro, lanzado para
los otros, porque más que apuntar diferencias lo que se hace eco de lo
ya expresado públicamente por ambos mandatarios. Así que en lugar de
reafirmar diferencias, como reflejan las agencias cablegráficas, lo que
patentiza es un lenguaje común: enfatizar que no se está dispuesto a
cambiarlo todo, para al final dejarlo todo distinto.
Se inicia así, y esto es quizá la única conclusión novedosa, una etapa
de desacuerdo “civilizado” entre las posiciones de los gobiernos de Cuba
y Estados Unidos, donde los “ruidos” a lo que será un largo proceso no
tienen cabida.
Quien mejor lo resumió fue un funcionario del régimen cuando dijo: “Cuba
no está normalizando relaciones con Estados Unidos. Cuba está
restableciendo relaciones diplomáticas con Estados Unidos”. Así que la
diplomacia en las diferencias va a imponerse sobre las diferencias
diplomáticas.
Después de todo, dentro de poco es posible que uno recuerde con
nostalgia la torpeza y brusquedad de la respuesta de Berta Soler.
Porque ponerse de acuerdo en que no se está de acuerdo es sin duda un
paso de avance entre dos naciones que por años prefirieron cada cual
gritar por su lado. Y algo más importante aún: los funcionarios
norteamericanos han comenzado a conocer que el café cubano puede
resultar amargo en ocasiones, pero también que es sabroso, “hasta el
último buchito”.
Para algunos en el exilio, la única esperanza es que venga otro Bush a
demostrar lo contrario. Ello también debe mantener encendida más de una
alerta en Cuba.

Source: Sabroso hasta el último buchito – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/sabroso-hasta-el-ultimo-buchito-321699

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