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El General “puede hacer más”

El General “puede hacer más”
La intención del gobierno no es reconocer el derecho a viajar de los
expresos políticos, sino empujarlos a emigrar definitivamente
martes, febrero 23, 2016 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba.- Los últimos días, tras el anuncio de la cercana visita
del Presidente Barack Obama a Cuba, los medios oficiales han estado
insistiendo en que la ocasión servirá para “desmontar el mito de la
violación de derechos humanos en Cuba”. Así que, para demostrar cuánto
ha avanzado la dictadura cubana en esa materia, se ha conocido
extraoficialmente que este lunes 22 de febrero de 2016, siete de los 11
exprisioneros de la Primavera Negra que decidieron permanecer en la Isla
se presentaron en las oficinas de Inmigración para regularizar su
situación migratoria.

Esto, traducido al lenguaje de los simples mortales, significaría que
ellos tendrían la posibilidad de viajar libremente al exterior, un
derecho que nunca se les debió negar y que se les ha conculcado desde
que en 2010 fueron liberados de las cárceles mediante un controvertido
proceso que algunos han calificado como “chantaje” o “destierro” puesto
que su liberación estuvo condicionada a la salida inmediata hacia
España, país cuyo gobierno les ofreció refugio. Los que se negaron a
aceptar semejantes términos fueron liberados en condiciones de “licencia
extrapenal” y no han podido salir del territorio nacional pese a la
reforma migratoria de principios de 2013.

Sin embargo, ya en horas de la mañana de ayer se revelaron las
verdaderas intenciones del gesto oficial. Según informó 14yMedio, la
exprisionera política Marta Beatriz Roque, quien acudió ante las
autoridades migratorias, fue informada de que la gracia del edicto real
no es infinita: al preguntar ella si se le permitiría el regreso a la
Isla tras su salida, se le respondió afirmativamente, solo que se le
estaba otorgando un permiso por una única salida. Es decir, si regresaba
a Cuba no podría volver a viajar al extranjero. Obviamente, la intención
del gobierno no es reconocer el derecho a viajar de estos ex presos
políticos, sino empujarlos a emigrar definitivamente. Es decir, que las
condiciones de chantaje que se aplicaron en el proceso de liberación de
2010 se mantienen.

Para tratarse de una clara intención de congraciarse con el mandatario
que tiene la llave que podría abrir legalmente algunas compuertas para
la entrada de los tan ansiados dólares en la ruinosa hacienda insular,
el General-Presidente e ha mantenido dentro de límites muy acotados, en
realidad insignificantes. Otra de sus bromas de mal gusto.

Por otra parte, cuatro de los más recalcitrantes no han sido
beneficiados con la gracia del semi-perdón real: José Daniel Ferrer,
Ángel Moya, Iván Hernández Carrillo y Librado Linares. Asumir que solo
se trate de un olvido senil no resulta aceptable. Y como las sacrosantas
autoridades cubanas jamás se han sentido obligadas a ofrecer
explicaciones sobre sus decisiones, solo podemos especular que la
permanencia del mayor castigo sobre estos peligrosos cuatro jinetes del
Apocalipsis se relaciona tanto con su voluntad de movilizarse contra el
gobierno en cualquier espacio –incluidas las calles, que son “de los
revolucionarios”–, como con la capacidad que ellos han demostrado para
convocar y congregar seguidores. A los autócratas les aterran los
liderazgos.

De cualquier manera, este nuevo gesto magnánimo del General Gris no solo
es una burla. Igual, permitir o no los viajes a quienes nunca se les
debió prohibir es demasiado poco para posar de demócrata. O, para
remedar lo que la dictadura y su claque opinan sobre las
flexibilizaciones que ha impulsado el Presidente Obama, en realidad el
General-Presidente puede (y debería) hacer mucho más si aspira a
demostrar una verdadera intención de respetar los derechos humanos en Cuba.

Para un régimen represor en un país donde las libertades más elementales
fueron secuestradas por el Poder hace más de medio siglo, permitir un
viaje al extranjero a siete rehenes de la política oficial es apenas un
amago pueril; algo así como el niño que esconde los juguetes bajo la
cama para que su madre le deje salir a jugar con los amiguitos. En
especial cuando el agravio original fue cometido por el propio
“perdonador” de los damnificados. Resulta absolutamente ridículo
considerar como valioso este gesto.

Si en verdad el Palacio de la Revolución pretende proyectar una imagen
seria y acercar a Cuba a los estándares democráticos mínimos aceptables,
deberá entrarle a fondo al tema de (todos) los derechos humanos para
(todos) los cubanos. De paso echaría abajo ese otro “mito” recurrente en
la opinión de los críticos del castrismo, que es que los verdugos acaban
temiendo a sus víctimas.

Y como la tarea de restablecer en las leyes todos los derechos robados
ha de ser verdaderamente titánica, el gobierno cubano podría comenzar
por aplicar decretos a la inversa. Es decir, liberar de las cárceles a
todos los prisioneros políticos y de conciencia, reconocer el derecho a
libertades elementales como la de información, de prensa y de opinión,
de asociación, de libre contratación y de movimiento. Podría también
liberar otras muchas capacidades de los cubanos, hoy absurdamente
encorsetadas bajo rígidos controles y diezmadas por procesos represivos
cíclicos.

Pero si acaso a los beneméritos autores de la ruina nacional cubana todo
esto les parece demasiado complejo y arriesgado; si consideran –no sin
fundamentos– que no les queda mucho tiempo para enderezar el entuerto
resultante de aquel lamentable accidente de enero de 1959, al menos
podrían intentar lo que mi colega, el periodista Reinaldo Escobar,
definió como “despenalizar la discrepancia”. O lo que es lo mismo,
reconocer que es perfectamente legítimo no estar de acuerdo con la
política oficial o con cualquiera de las decisiones del gobierno. Sobre
ese solitario y básico derecho los cubanos lograríamos reconstruir la
estructura de todos los demás.

Source: El General “puede hacer más” | Cubanet –
www.cubanet.org/opiniones/el-general-puede-hacer-mas/

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